El Madrid de los tres centrales gana peso en el disco duro de Zidane. En Roma, y sin Ramos, repitió la fórmula de Salzburgo. Un cuarto de hora bastó para exponer pros y contras de un esquema que precisa estar muy pulido y ajustado para no convertirse en un vergel para el rival.

Hasta por tres veces, con un palo incluido, coquetearon los romanos con el gol.Pero fue el Madrid el que golpeó primero con un gol bien trabajado de lado a lado. La hizo genial Modric, control pase, y Marcelo, con la derecha, la coloco en la esquina del lado izquierdo del portero.

En el descanso dejó Zidane a a dos jugadores que lo pasaron mal en la primera parte -Nacho y Valverde- y mandó al coliseo romano a Vinícius y Jovic. El cambio era radical. El esquema, la presencia de tantos jugadores ofensivos como defensivos, dos ‘9’… El giro hizo que el Madrid tuviera más control del juego y la Roma quisiera más la contra.

Los de Fonseca rebajaron las revoluciones de la primera parte durante un buen tramo del segundo acto, pero cuando aceleraron de nuevo el paso el partido se instaló otra vez más cerca de Courtois que de Pau. A esas alturas ya campaba por el campo Gareth Bale. El misterioso verano del galés vivió un capítulo más de intriga a orillas del Tiber.

El tramo final del partido, como es lógico, se lo tragó la vorágine de cambios de unos y otros. En ese tobogán tuvo Luka Jovic dos buenos opciones de gol. En ambos optó por la potencia y en las dos chocó con Pau, como le paso poco después a Vinícius. Será casualidad, pero lo mejor que aportó el brasileño fue en la única ocasión que apareció por la izquierda.

La noche se fue a los penaltis, algo que pudo evitar Bale. Así se cerró la pretemporada del Madrid. El sábado arranca LaLiga, obsesión de Zidane, y en ella se presenta el Madrid con un amplio catálogo de dudas y no demasiadas certezas. En Balaídos ya no caben más ensayos.

 

 

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