Alexander Lukashenko no es el presidente legítimo de Bielorrusia, dijo la Unión Europea (UE) el jueves, argumentando que su abrupta juramentación el miércoles fue directamente en contra de la voluntad del pueblo.

La ceremonia en que se juramentó Lukashenko ante un grupo de funcionarios aceleró los planes de la UE, que ha venido observando con preocupación los sucesos tras las disputadas elecciones de Bielorrusia el pasado 9 de agosto. El Parlamento Europeo había decidido anteriormente no reconocer al veterano líder desde noviembre, cuando su mandato como presidente debía terminar. Lukashenko ha estado en la presidencia de la nación por más de 26 años.

«La llamada ‘inauguración'( …) y el nuevo mandato reclamado por Aleksander Lukashenko carecen de legitimidad democrática», expresaron en un comunicado los 27 estados de la UE.

«Esta ‘inauguración’ contradice directamente la voluntad de gran parte de la población bielorrusa, expresada en numerosas, sin precedentes y pacíficas protestas desde las elecciones, y solo sirve para profundizar aún más la crisis política en Bielorrusia», afirma el texto.

La Unión Europea, un gran donante financiero de Bielorrusia, también dijo que estaba «revisando sus relaciones» con el país, lo que significa que el bloque buscará cortar el financiamiento directo al gobierno de Lukashenko, canalizándolo hacia grupos de ayuda y hospitales.

Lukashenko reacciona

Tras la decisión de la UE, Lukashenko dijo que estaba «sorprendido». «Es especialmente sorprendente (…) la posición que han tomado nuestros vecinos», comentó el jueves en entrevista televisada. Dijo que incluso con respecto a la inauguración del miércoles «hay algún tipo de rencor, o una queja, de que no informamos a los polacos, lituanos, ucranianos , checos o cualquier otra persona que celebraríamos este evento».

Expuso además que en su opinión y de acuerdo a las leyes de Bielorrusia «no necesitamos advertir a nadie de los países occidentales ni a nadie más sobre esto, esto es un asunto interno de nuestro país», advirtió.

Alexander Lukashenko es un aliado cercano de Moscú y las protestas tras las elecciones catalogadas por la oposición de fraudulenta es una para el Kremlin, que debe decidir si se queda con Lukashenko o intenta diseñar una transferencia de poder. También es un desafío para Occidente. Las fronteras del país con Polonia, Lituania y Letonia son fronteras de la OTAN y los estados de Europa del Este se han pronunciado en apoyo a la oposición.

La UE se había comprometido previo a las elecciones a gastar 135 millones de euros en proyectos en Bielorrusia y también ha prometido 53 millones de euros para la lucha contra la pandemia de COVID-19.

Siguen las protestas

Lukashenko insiste en que ganó las elecciones del 9 de agosto de manera aplastante, obteniendo el 80% de todos los votos, a pesar de las afirmaciones generalizadas en el país y en el extranjero, la votación fue muy manipulada para mantenerlo en el poder. Pero miles de bielorrusos salieron a las calles otra vez para manifestarse el miércoles por la noche y denunciar su toma de posesión, que también describieron como «secreta».

Medios mostraron imágenes en que aparecen las fuerzas de seguridad en la capital, Minsk, apuntando con cañones de agua a los manifestantes.

Belarusian opposition supporters protest against the inauguration of President Alexander Lukashenko in Minsk

La líder de la oposición, Sviatlana Tsikhanouskaya, discutió con los ministros de Relaciones Exteriores de la UE el lunes en Bruselas cómo eludir la administración estatal para apoyar a médicos y hospitales.

«Le pedí a Europa que no apoyara financieramente al régimen. Todo el dinero que pueda obtener Lukashenko ahora no se destinará a apoyar al pueblo bielorruso, sino a esas represiones», dijo a los periodistas, refiriéndose a la ofensiva a favor de la democracia.

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