En septiembre de 1992, tras cumplirse la suspensión de 15 meses impuesta por la FIFA por consumo de cocaína en Napoli y en una transacción de 7,5 millones de dólares (750 millones de pesetas), Sevilla fichó a Diego Armando Maradona por la insistencia de Carlos Salvador Bilardo, técnico por aquel entonces del equipo español. Pero, debido a los diferentes escándalos que había protagonizado el astro argentino, en el club decidieron hacerle un seguimiento muy especial: contrataron a un detective privado para saber qué haría con su vida fuera de la institución.

Para controlarlo, el espía seguía a Maradona desde que salía del centro de entrenamiento de Sevilla y lo tenía controlado durante las 24 horas con turnos rotativos en los que también participaban otras tres personas. En una entrevista con el diario digital español Vozpópuli, «Charlie», encargado central de perseguir al argentino, contó detalles de aquellas largas jornadas recorriendo los pasos de Diego en la ciudad con su moto Kawasaki Zephir 750.

En una aventura que no llegó al año, Maradona disputó 29 partidos (26 de la Liga y tres por la Copa del Rey) y marcó siete goles (cuatro y tres).

Junto con el veterano detective «Perfecto C.», de la agencia Marcus, ambos fueron elegidos para seguirlo. «Era un tío ya viejo que era amigo de un directivo del Sevilla y por eso le entró el tema. Tenía un Ford Escort blanco, imagínate. Y el otro (Maradona) con un Porsche. Se le iba. Nos subcontrató a nosotros porque éramos una agencia que tenía gente joven. Necesitaba gente con moto. Y pusimos un dispositivo para controlar a Maradona. Me acuerdo del tío con su Ford Escort blanco corriendo detrás por la avenida de El Corte Inglés», rememoró «Charlie».

«Se abría la puerta y Maradona salía levantando el polvo como los Miura y nosotros arrancábamos la moto. Date cuenta de que la circunvalación que habían hecho para la Expo no tenía todavía semáforos. El tipo se ponía a 190 Km/h, como una cabra», recordó entre risas sobre las salidas tras los entrenamientos, pero también fue muy crudo a la hora de describir el perfil de deportista del 10.

Maradona se metía en la casa a las seis de la mañana. Aquello era un desastre. Los seguimientos sirvieron para demostrar que era una vida no propia de un deportista

Con 32 años, Diego vivía en una casa propiedad del torero Espartaco en la urbanización de lujo Simón Verde, en las afueras de la ciudad. Y sus días tenían vivencias más que particulares. «Esa casa no tenía salida, eso era lo bueno que tenía. Era un chalet y solo tenía una salida. Entonces pusimos un coche ahí y nos íbamos turnando. Esa casa era como El Corte Inglés. Contamos 18 o 20 italianos, argentinos entrando y saliendo. El informe era que el tipo no iba a entrenarse. Se metía allí a las seis de la mañana», contó el detective.

Frente a los diversos autos que entraban y salía de la casa, en la que también vivían su pareja Claudia Villafañe y sus hijas Dalma (cinco años) y Giannina (tres), el grupo encargado del seguimiento debía anotar las patentes de los vehículos y a veces también los seguían. «Yo llevo 30 años en la calle y sé qué gente era. Aquello era un desastre. Los seguimientos sirvieron para demostrar que era una vida no propia de un deportista. Creo recordar que cobraba alrededor de 300 millones de las antiguas pesetas y que se ahorraría algo menos de un tercio», disparó «Charlie», que también contó una particular historia de cuando infiltraron mujeres en una fiesta.

«Eran modelos y con eso les pusimos la trampa. Maradona era muy buena gente, pero era muy golfo. Eran las cinco de la mañana y a las diez tenía que estar en la ciudad deportiva entrenando y el tipo no iba a entrenarse», detalló acerca del periplo de Diego por Sevilla, que terminó con un enfrentamiento con la directiva del club, que terminó beneficiado por haber contratado a los detectives: «Cuando el tío se fue a las malas, le dijeron: ‘Mira, tenemos esto, esto y esto. Tú no has ido a entrenar por esto, por esto y por esto’. Se ahorraron 150 millones de pesetas porque los perdonó».

*Con información de La Nación.

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