La cantidad de objetos simbólicos que acumuló Pelusa a lo largo de sus 21 años como jugador son innumerables. Y si bien la mayoría forman parte del museo que les dejó a sus herederos y otros pocos desaparecieron, hay algunos especiales que están distribuidos por distintas partes del mundo.

Pasó un mes y todavía duele. La muerte de Diego Armando Maradona sigue siendo una espina clavada en el corazón de todos los hinchas del fútbol, que aún lloran la partida del mejor jugador de todos los tiempos. El Diez no solo dejó un legado lleno de gambetas, pases y goles que vivirán por siempre en la memoria y los archivos periodísticos, sino que también dejó toda una brillante carrera atrás que se refleja en los objetos más importantes que alguna vez usó y se encuentran repartidos por el mundo.

La cantidad de tesoros que acumuló Pelusa a lo largo de sus 21 años como jugador son innumerables. Y, por supuesto, la mayoría se encuentran todos juntos y forman parte del gran museo que alguna vez el astro de Villa Fiorito lució en su casa de Segurola y La Habana, en Buenos Aires. Aquel que su ex esposa Claudia Villafañe se encargó de cuidar y ordenar en el hogar familiar mientras Maradona transitó las etapas más oscuras de su vida y por el que hasta llegaron a iniciar enfrentarse en una causa judicial, que quedó extinta ante el fallecimiento del ex jugador. Allí, por ejemplo, se encontraban varios pares de botines que Diego utilizó -algunos de ellos casi deshechos por su antigüedad-, la camiseta número ’10′ de la Selección que usó en la final frente a Alemania y la medalla de campeón del Mundial de 1986, varias prendas del Napoli usadas en la conquista del primer y segundo Scudetto y cientos de casacas que intercambió con distintas estrellas mundiales cuando era profesional o las que le fueron obsequiando los cracks posteriores a su retiro. Todos quedaron en manos de su familia.

La camiseta de la «mano de Dios» desde 2012 se encuentra exhibida en el Museo Nacional del Fútbol que está ubicado en la ciudad de Manchester, en suelo inglés. Con el paso de los años, el valor simbólico de esa camiseta 10 de un azul brillante creció. Lo mismo sucedió con su valor económico. Muchos estiman que esa casaca estaría valuada en más de 600.000 dólares, un costo que, en caso de que alguien la quisiera adquirir, la transformaría en la remera por la que más se pagaría en la historia, superando incluso a la que utilizó Pelé en la Copa del Mundo de 1970.

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