A couple wearing face masks, amid concerns over the spread of the novel coronavirus, COVID-19, holds heart shaped balloons as they walk in the center of Ukrainian capital Kiev on April 1, 2020. (Photo by Sergei SUPINSKY / AFP)

Helen Fisher es una antropóloga biológica estadounidense reconocida mundialmente por estudiar el cerebro enamorado. En una entrevista con Infobae, explicó por qué el amor es una adicción tan fuerte como la heroína.

Además analizó las razones por las cuales nos enamoramos de ciertas personas.

“Curiosamente, la pandemia ayudó al amor”, dice Helen Fisher por teléfono desde su departamento de Nueva York, muy cerca del Central Park. “Es un desastre para el mundo, claro, pero para el amor creó algo nuevo que probablemente sea algo muy bueno”.

Lo que dice tiene sustento, tanto a nivel personal, como científico. Helen Fisher tiene 75 años, y el 21 de julio del 2020, en plena pandemia, se casó con John Tierney, autor y ex columnista del New York Times. Se fugaron a Red Lodge, Montana, y la ceremonia fue oficiada por un amigo en común disfrazado como el Rey de Corazones.

Fisher y su marido practican lo que se acuñó como Living Apart Together. Ella pasa cinco días a la semana con él en el barrio de Spuyten Duyvil en el Bronx, y dos días vuelve a su hogar, desde donde charla con Infobae una mañana de enero. “Ayer estuve acá en mi casa. Salí a la noche con mis amigas, cenamos juntas y es genial. Hoy a la noche volveré a lo de mi marido donde pasaré cinco días y después volveré acá”, cuenta y no oculta una risa ante la sorpresa y la admiración de esta periodista.

La doctora Helen Fisher es antropóloga biológica e investigadora principal del Instituto Kinsey. Ha realizado una extensa investigación, dado una serie de TED Talks con millones de reproducciones y escrito seis libros sobre la evolución y el futuro del sexo, el amor, el matrimonio, las diferencias de género en el cerebro y cómo la personalidad de cada persona da forma a quién es y a quién ama. Es, como la describen en Estados Unidos, “la voz de autoridad en todo lo que respecta al amor”.

Se considera afortunada, porque el confinamiento no la afectó demasiado. “Soy escritora así que estoy acostumbrada a estar en mi casa. En Nueva York podés ir a un restaurante y sentarte adentro. No hay teatros ni cines, pero la verdad es que estuvimos muy bien”. Pero la distribución de la vacuna es un tema que la inquieta: “Acá en Nueva York tenemos la vacuna pero es muy difícil conseguirla. Yo soy vieja, perfectamente sana y mi marido también, pero igual es muy difícil. Te metés en los sitios, llenás formularios y después te dicen que no hay. Pero la gente está empezando a conseguirla, así que ya llegará”.

Con información de Infobae

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