La libertad personal de usar o no mascarilla durante la pandemia se ha convertido en un dilema en Estados Unidos ya que, según los expertos, es ese «sentimiento de libertad» el que ha suscitado la controversia.

La psicóloga Michele Gelfand explicó a la Voz de América que se trata de la reacción conocida como «reactancia», que se refiere a la tendencia de los humanos a sentir que su libertad se ha visto amenazada a causa de las reglas impuestas.

Países como Estados Unidos, Brasil, España e Italia tienen, según un estudio de Gelfand, una percepción menos estricta de las reglas. «Es difícil, como sabrán, renunciar a la libertad por restricciones, por reglas, pero otras culturas poco estrictas lo hicieron, por ejemplo, Nueva Zelanda», dijo.

Según un reciente estudio del centro de investigación Pew, siete de cada diez estadounidenses considera que es necesario usar la mascarilla.

Señales mezcladas

Los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) recomiendan el uso de mascarilla para personas de dos años en adelante, como una medida para evitar el contagio del nuevo coronavirus.

«Es muy probable que las cubiertas de tela para la cara reduzcan la propagación del COVID-19 cuando las personas las usan de forma generalizada en entornos públicos», exponen las autoridades sanitarias.

El presidente Donald Trump dijo en abril que la recomendación de los CDC al respecto no deja de ser «voluntaria» y agregó que los estadounidenses «no tienen porqué hacerlo».

La portavoz de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, recalcó en junio que se trata de la «elección personal de cualquier persona en cuanto a usar o no una mascarilla» y aseguró que el mandatario «alienta a las personas a tomar cualquier decisión que considere la mejor para su seguridad”.

El vicepresidente Mike Pence, por su parte, pidió a la ciudadanía usar la mascarilla cada vez que las autoridades digan que es apropiado. «Siempre es una buena idea usar una mascarilla cuando no es posible el distanciamiento social”, expresó el 30 de junio.

Gavan Fitzsimons, profesor de psicología y marketing de la Universidad de Duke dijo a la VOA, que la ambigüedad del mensaje es un factor determinante para explicar el porqué no todos los estadounidenses usan mascarilla.

«El problema es que condicionamos a muchas personas, aquí en Estados Unidos, para creer que la libertad de no usar una máscara es fundamental para ellos. Tan pronto como eso sucede, no puedes simplemente seguir diciendo «¡Hola! Tienes que ponerte una máscara», porque cada vez que les dices eso, sentirán que su libertad se ve amenazada aún más», explicó.

Pero este efecto tiene posibilidad de revertirse, aseguró el experto.

«Si le das a la gente un sentimiento de que tienen control, eso de hecho, tiene un impacto poderoso en su conducta», explicó Fitzsimons, quien estudia esta tendencia desde el prisma de la psicología y el mercadeo. Para lograrlo, asegura, el mensaje debe enmarcarse en ofrecer a la ciudadanía la posibilidad de escoger, pero «esa elección será qué tipo de mascarilla te gustaría portar».

Varios estados y condados han impuesto el uso obligatorio del tapabocas tras el repunte de nuevos casos de coronavirus.

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