Durante un mensaje el 8 de abril de 2020 el presidente, Alejandro Giammattei, anunció que los guatemaltecos debían utilizar mascarilla en lugares públicos.

La disposición de manera obligatoria fue a partir del 13 de abril de 2020.

Desde entonces, los guatemaltecos han debido ser acompañados por esta medida de protección que en la actualidad es utilizada en el mundo entero. Sin embargo, por distintas causas, entre ellas, la falta de recursos o información ha hecho que muchas personas dejen de utilizarla.

En aquella oportunidad, el mandatario afirmó que las personas que no portarán mascarilla serían sancionadas, posteriormente se anunció que la multa sería de Q5 mil o prisión por delitos contra la salud.

Sin embargo, registros de la Policía Nacional Civil (PNC) dan cuenta que tan sólo una persona fue detenida por esta causa, que además fue absuelto por juez competente.

El inspector de la Policía Nacional Civil, Edwin Monroy explicó que un alto porcentaje de los detenidos por el incumplimiento al toque de queda y la Ley Seca, no utilizaban mascarilla al momento de su detención.

Zulma Calderón, defensora de la salud de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), refirió que cada día es más notorio como los guatemaltecos han dejado de usar este protector nasobucal.

«Existe falta de campañas estatales que hagan conciencia sobre el correcto uso de la misma y sus beneficios en la mitigación de la pandemia, es importante en el contexto del repunte de casos que tenemos en el país tomar conciencia», añadió Calderón.

La psicóloga, Mercy Richter, el uso de mascarilla causa un grave desgaste físico y emocional que se agudiza cada vez más, ya que cuando al ser humano se le impone una regla le es más difícil seguirla, aunque en las personas de autoestima baja pudo haber causado un impacto positivo favoreciendo un «escondite» más palpable.

«Yo considero que existen muchos cambios y cosas que pueden afectar en nosotros con el simple hecho de tener que utilizar una mascarilla» puntualizó.

Economía

«Las mascarillas salvaron a muchas fábricas de no irse a la quiebra» dicen los productores.

Según Alejandro Ceballos, presidente de la Asociación del Vestuario y Textiles de Guatemala (VESTEX) el total de mascarillas producidas en el país fue de 80 millones de unidades dejando una derrama económica de 13 millones de dólares, lo que significó el 1% de las exportaciones totales durante el 2020.

«La revolución de las mascarillas duró más o menos seis meses, hoy en día se cayó casi totalmente el mercado», afirmó Ceballos quien resaltó que fueron los pequeños productores los que surtieron el mercado nacional.

Mientras la producción guatemalteca atendía la demanda de países como Estados Unidos y Corea, el desplome de las mascarillas confeccionadas se debió a que las personas optaron por comprar las mascarillas descartables KN95.

Otro de los cambios se dio en la ropa, ya que la demanda por playeras y pantalonetas se disparó, tomando en cuenta que muchos países continúan implementando el home office (trabajo en casa) permitiendo que las personas utilicen atuendos más cómodos.

«Las mascarillas salvaron a muchas fábricas de no irse a la quiebra» finalizó.

 

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