Según la Organización Mundial de la Salud, la nueva variante del SARS-Cov-2, conocida como B.1.640.2, ofrece por el momento pocos motivos de preocupación.

El médico de la OMS Abdi Mahmud confirmó en Ginebra que la entidad ha monitoreado esta variante desde noviembre. Sin embargo, desde entonces no parece haberse extendido mucho.

«Este virus ha tenido muchas oportunidades para propagarse», dijo Mahmud, pero hasta ahora ha aparecido secuenciado en unas 20 pruebas, y en solo una desde comienzos de diciembre.

Caso opuesto es el de la variante ómicron, que entró por primera vez en la base de datos de variantes del SARS-CoV-2 conocida como Gisaid el 23 de noviembre, y desde entonces ha sido secuenciada más de 120 mil veces.

Una variante apenas extendida

La primera vez que se detectó la nueva variante fue en octubre en el sureste de Francia, hasta donde llegó una persona (vacunada) desde Camerún. Los investigadores hallaron en total 12 casos en la región y la llamaron «I.H.U.», en honor al instituto de investigación de Marsella que ayudó a identificarla. El 4 de noviembre de 2021 la variante fue bautizada finalmente como B.1.640.2 y puesta en el sistema Gisaid.

El trabajo de investigación sobre este descubrimiento, que fue publicado a fines de diciembre pero aún no ha sido revisado por pares, causó alarma entre los expertos, porque la nueva variante posee 46 mutaciones. Y la variante ómicron, que se extiende velozmente por todo el mundo, también tiene una enorme cantidad de mutaciones, lo que ayuda a que se transmita más rápidamente.

Cautela entre los especialistas

El llamado a la calma de la OMS coincide con la evaluación que realiza Jörg Timm, profesor y director del Instituto de Virología del Hospital Universitario de Düsseldorf. «La variante ya fue descrita hace algún tiempo y hasta ahora no se ha asentado, al menos no en las zonas donde se hace secuenciación con mayor frecuencia. Ese es un indicador muy claro de que no tiene ventajas en comparación con ómicron, por ejemplo, variante con la que tuvimos desde el principio claridad en cuanto a que se propagaría rápidamente. Eso es algo que no se vio con la variante B.1.640.2, por lo que nadie espera que nos provoque grandes problemas».

También el virólogo Dr. Tom Peacock, del Imperial College London, escribió en Twitter que no vale la pena precuparse mucho.

Pese a las primeras advertencias y al número relativamente bajo de casos, las autoridades de salud de Camerún quisieron examinar cuidadosamente la situación, dice el epidemiólogo camerunés Yap Buom: «Estamos siguiendo de muy cerca el caso y seguiremos secuenciando casos locales, para poder comparar y ver si esa variante circula entre nosotros», dijo a DW.

Sospechas sobre quien se esconde tras la falsa alarma

Tras la veloz expansión de la variante ómicron, no resulta extraño que suenen las alarmas cada vez que se habla de una variante con muchas mutaciones recién descubierta.

Como vimos, este proceso se desató por un artículo aún no revisado en el que participó también un controvertido investigador francés, informó el equipo de chequeo de datos del noticiero alemán Tagesschau.

El médico e infectólogo Didier Raoult es muy controvertido en Francia, entre otras razones porque trata a los pacientes de COVID-19 con hidroxicloroquina, un medicamento para la malaria. Esto gatilló una amonestación por parte de la Asociación Médica Francesa, de acuerdo con Tagesschau.

Además, en el Instituto de Enfermedades Infecciosas fundado por él en la Universidad de Marsella (IHU Méditerranée Infection) se han violado las reglas de los estudios clínicos sobre el coronavirus. Según Tagesschau por ello se vio forzado a dejar su cargo como director del instituto y la fiscalía abrió una investigación en su contra.

Pronósticos fallidos y tesis dudosas

Raoult disfruta del estatus de «figura de culto» entre los escépticos de la pandemia, a pesar de que sus pronósticos sobre el tema han demostrado una y otra vez ser equivocados. Por ejemplo, había asegurado al comienzo de la pandemia que esta terminaría rápidamente.

Él mismo no quiere vacunarse contra el SARS-CoV-2, porque asegura que la enfermedad -que ha causado 5,5 millones de muertes en el mundo- no es fatal. Además, advierte de efectos secundarios desconocidos y no probados de las vacunas.

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