El suizo Roger Federer, 38 años y nº 3 mundial, sorprendió esta semana comunicando de repente que estará de baja hasta mitad de junio, cuando comience la temporada ATP sobre hierba.

El helvético hizo referencia a una artroscopia en la rodilla derecha. En 2016 solucionó un problema de menisco en la otra, la izquierda. Entonces pasó por el quirófano en febrero, regresando a la competición en abril. Sin embargo, dio por cerrada su temporada tras la disputa de Wimbledon avisando que los médicos habían sugerido un parón para rehabilitar la articulación dañada.

Federer y los galenos se han dado ahora un plazo de cuatro meses. Un período de baja que destroza el calendario previsto por el de Basilea, sobre todo en el periplo de pista dura posterior a Australia. Tenía que defender coronas en Dubai, la próxima semana, y Miami, amén de la final en Indian Wells.

Su mánager, el estadounidense Tony Godsick, había deslizado que no habría tierra batida hasta Roland Garros, que no regresaría a Madrid y Roma, como sucediera el curso anterior. Cayó asimismo de la agenda el evento de París, donde en 2019 cerró tres ediciones de ausencia alcanzando las ‘semis’, ronda en la que cedió ante el rey Rafa Nadal, doce veces campeón.

Podría reaparecer en el torneo de Stuttgart, del 8 al 14 de junio, o aplazar el retorno hasta el césped de Halle, del 15 al 21 de junio y exponiendo corona. Su reto es Wimbledon, del 29 de junio al 12 de julio, donde se le escapó la corona tras disponer de dos bolas de campeonato en la última final, contra Novak Djokovic.

En hierba defenderá 1.700 puntos, aunque ya ha perdido de golpe 3.180 de los 7.130 de su cuenta actual. Cuando concluya Roland Garros, atesorará 3.950 puntos, que equivalen a mantenerse en el top-8 tomando como referencia la clasificación actual y también la que se publicó después del Grand Slam francés en 2019.

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