El Presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha anunciado a través de Twitter el inicio de una anunciada ofensiva para adueñarse de la franja nororiental de Siria.

La ha llamado ‘Manantial de paz’. La emprenden las Fuerzas Armadas Turcas, que contarán con el apoyo terrestre de una amalgama de brigadas árabes, antiguamente fuerzas opositoras al Gobierno sirio, organizadas recientemente como Ejército Nacional Sirio.

De acuerdo con informaciones sobre el terreno, al menos 16 proyectiles, algunos de ellos lanzados desde el aire, han impactado a lo largo de la franja norte de Siria, particularmente en las inmediaciones de las poblaciones fronterizas de Ras al Ayn y Tel Abyad.

Mustafa Bali, portavoz de las FDS, ha anunciado la muerte de los dos primeros civiles como consecuencia de la ofensiva. Ocurrió, dijo vía Twitter, en la aldea de Mashrafa, cerca de Ras al Ayn. Bali también ha advertido de que aviones de guerra turcos han golpeado «áreas civiles» del norte de Siria. En consecuencia, ha añadido, «se ha generado un gran pánico» entre la población, parte de la cual, sobre todo la residente cerca de la frontera, había comenzado a desplazarse en los últimos días.

En tres vídeos obtenidos por EL MUNDO, grabados este martes, puede apreciarse cómo una columna de vehículos, repletos de civiles, abandona Ras al Ayn para dirigirse a zonas lejanas a la frontera, a este y oeste. Según la agencia semioficial turca Anadolu, tres proyectiles procedentes de Ras al Ayn han caído en la localidad turca de Ceylanpinar, sin provocar bajas. Entretanto, el El Estado Islámico amaga con aparecer en medio del caos. Este miércoles ha reivindicado un ataque ejecutado durante la madrugada en una base de la Inteligencia kurda en Raqqa.

Según ha indicado Recep Tayyip Erdogan por Twitter, el objetivo de la misión encomendada es «evitar la creación de un corredor de terror a lo largo de nuestra frontera sur, trayendo paz al área». «La operación Manantial de paz neutralizará las amenazas terroristas contra Turquía y llevará al establecimiento de una zona segura, facilitando el retorno de los refugiados sirios a sus hogares», ha añadido, en otro tuit, el dirigente turco.

De acuerdo con fuentes sobre el terreno, Turquía sólo ha empleado su artillería. No se ha informado de ninguna penetración terrestre, pese a que, en las últimas horas, había podido verse, en vídeos, a contingentes árabes apostándose cerca de la frontera turcosiria. Presumiblemente, los turcos pretenden iniciar su ofensiva entrando en las poblaciones de Ras al Ayn y Tel Abyad, menores que el resto de villas fronterizas, y que podrían llevar a la partición del territorio kurdosirio.

El Ministerio de Exteriores de Alemania, en una nota, ha instado a Turquía a frenar su acción militar, alegando que podría provocar «una catástrofe humanitaria mayor y más desplazamiento de personas». Alemania, Francia y el Reino Unido han solicitado una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la ONU para abordar la situación, que tendrá lugar este jueves por la mañana. Por su parte, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha pedido a Turquía «no desestabilizar más la región», si bien ha reconocido las «preocupaciones legítimas» de Turquía por haber sufrido «horrendos ataques terroristas» a manos del PKK – estrechamente ligado a las fuerzas kurdosirias -, y por haber acogido a miles de refugiados.

Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), la alianza multiétnica de capitanía kurda que defiende el territorio de la administración autónoma norteña, ha pedido a sus hasta hoy aliados una zona de exclusión aérea para frenar a Turquía. «Pedimos a EEUU y a la coalición internacional [contra el Estado Islámico] una zona de exclusión aérea para parar los ataques contra gente inocente», han solicitado, en un comunicado difundido en las redes sociales.

Las FDS han sido, desde 2015, punta de lanza de la guerra que una coalición occidental, liderada por EEUU, lanzó contra los territorios controlados por el Estado Islámico (IS). El pasado marzo, las FDS acabaron con el IS en su último reducto para tener, en consecuencia, que hacerse cargo de más de 70.000 habitantes del pseudocalifato extinto, entre ellos miles de combatientes extremistas de numerosos países. Al mismo tiempo, han tenido que lidiar con la amenaza de las células durmientes del IS, que han atentado periódicamente en la retaguardia.

Tras la caída del IS, el presidente estadounidense Donald Trump, deseoso de cumplir con su promesa electoral de replegar las tropas desplegadas en Oriente Medio, amagó reiteradamente con hacerlo en Siria. Al mismo tiempo, Turquía aumentó su presión a su aliado en la OTAN. Ankara lleva años amenazando con suprimir el llamado «corredor de terror», pues las FDS están integradas por la rama kurdosiria de la guerrilla PKK, en guerra con Turquía. En los últimos tiempos, urgido al ver cómo los 3,5 millones de refugiados sirios en su territorio se convertían en un arma electoral usada en su contra, Erdogan llevó a la ONU su plan para crear una «zona segura» en el norte sirio, para realojar allí a cientos de miles de sirios.

«Luchas entre varios grupos han tenido lugar durante cientos de años. EEUU no debería jamás de haber estado en Oriente Medio. Movimos fuera cincuenta soldados. Turquía debe hacerse cargo de los miembros del IS capturados que Europa rechaza tener de vuelta. ¡Las estúpidas guerras inacabables, para nosotros, se están acabando!», ha sido el último tuit de Donald Trump, referido a la situación. Una enmienda a la totalidad a las guerras libradas por su administración durante décadas y que, de una forma u otra contribuyeron, por ejemplo, al surgimiento del Estado Islámico. Trump parece desentenderse súbitamente de su antiguo aliado que, bajo las bombas, le acusa de darle una «puñalada por la espalda».

 

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