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Cambios tan sutiles como significativos en el juego de Rafael Nadal le han permitido a sus 31 años convertirse en el jugador más veterano en terminar un año como No. 1 del Emirates Ranking ATP. Tal y como relata Louisa Thomas del The New Yorker, uno de los pocos grandes títulos que aún faltan en la vitrina de su memorable carrera es el de las Nitto ATP Finals.

Hubo momentos en la temporada 2017 que parecían extraídos entre los más destacados de la larga e inigualable carrera que ha completado Rafael Nadal. Un Nadal que elaboró su habitual ritual en el servicio. Un Nadal que desde el fondo de la pista, conectó su característica derecha. Un Nadal que siguió batallando con su gran rival, Roger Federer, en las finales del Abierto de Australia, Indian Wells, Miami y Shanghái.

Un Nadal que con su pelo empapado en sudor, su ropa manchada en tierra batida y ojos arrugados al sonreír mordió los trofeos de Montecarlo, Barcelona, Madrid y Roland Garros. También lo hizo en la pista dura del US Open y Pekín. Así, Nadal se convirtió en el No. 1 del Emirates Ranking ATP.

Fue todo tan familiar que cada imagen se daba ya por hecho, al igual que hace un año se daba por hecho que Nadal estaba en un inevitable e inexorable declive. Al final de 2016, Nadal parecía un hombre frágil, afectado por frecuentes lesiones y desconcertado. Su derecha se quedaba corta, el bote carecía del daño que hacía antaño. Su servicio era débil, su movimiento un microsegundo más lento. Había perdido partidos que, en el pasado, habría podido sacar adelante y apenas ganó partidos que, en el pasado, habría ganado con facilidad. Se perdió grandes períodos debido a las lesiones.

No cabe duda de que aún era uno de los mejores jugadores del mundo, todavía capaz de asombrosas hazañas. Podía alcanzar golpes increíbles y convertirlos en ganadores. Podía pulverizar a sus rivales y acabar con ellos con una despiadada estocada. Pero las grandes victorias llegaron en raras ocasiones y acabó 2016 como No. 9 del mundo. Parecía estar apagándose, si es que no se había ido ya.

Pero Nadal no da nada por sentado. Ese es el motivo de su genio, tan importante para su éxito como su particular gancho con la zurda, su asombrosa anticipación y su impecable juego de pies. Empieza cada servicio, tanto el primero como el último del torneo, con el mismo patrón de gestos. Pega cada bola, ya sea en defensa o en ataque, con el mismo nivel de intensidad. Afronta cada partido con el mismo nivel de concentración y determinación, ya fuese contra Roger Federer o un jugador cualquiera de la previa.

Trata cada torneo por igual. Después de ganar el título en el ATP World Tour Masters 1000 de Montecarlo por décima vez, algo nunca visto hasta entonces, le preguntaron si Roland Garros era el siguiente paso. “El siguiente paso no es Roland Garros”, respondió. “El siguiente paso es Barcelona. Esa es la realidad. Es un buen inicio de la gira en tierra batida, pero nunca me he tomado Montecarlo, Barcelona, Madrid y Roma como preparación para un torneo. Esos torneos son importantes por sí mismos”. Es el tipo de declaración que todos los jugadores hacen pero sólo Nadal parece sentirlo de verdad.

De las 10 coronas de Montecarlo fue a Barcelona para repetir la misma cifra de títulos, también levantó su quinto título en el Mutua Madrid Open –el título 30 de su carrera de categoría ATP World Tour Masters 1000, compartiendo el récord con Novak Djokovic– además de su décimo Roland Garros. Parecía estar jugando a otro nivel respecto al resto, cediendo una sola derrota en toda la gira de tierra batida, frente a Dominic Thiem en Roma. (Pudo vengarse de esa derrota, eliminando a Thiem en Roland Garros). Fue una de las mejores giras de tierra batida que el mejor jugador en arcilla ha tenido nunca.

Pero aún hay más. En agosto, durante la gira en pista dura, Nadal se convirtió en el No. 1 del Emirates Ranking ATP por cuarta vez en su carrera, una hazaña que hace no mucho tiempo muchos creían imposible, dado su estado físico y los síntomas de su juego. En el US Open, amplió su ventaja en el Emirates Ranking ATP, ganando el título con aparente facilidad, siempre insistiendo en la dificultad de cada partido. No daba nada por hecho, desde la primera bola hasta la última.

Y en efecto, una vez que compruebas las similitudes entre su temporada y las anteriores, verás que esta, de alguna pequeña manera, hay un cambio. Tiene 31 años ahora, que se reflejan en las arrugas de sus ojos, y quizás en el desconcierto cuando uno de sus tiros no va donde debería. Sus pantalones son más cortos. Pero los cambios más sutiles y significativos se encuentran en su juego.

Este año, Nadal incorporó a Carlos Moyá, otro español que sabe lo que es ser No. 1 del mundo, para ser una nueva voz en su banco, sentado junto a su tío Toni Nadal, que hizo tanto por el juego de Rafa y quien se retirará al final de esta temporada. Con el apoyo de Moyá, Nadal pone más atención en su ejecución, moviéndose libremente, entrando en la pista y pegando sobre la línea de manera más habitual. Mejoró drásticamente su juego con el saque, hasta el punto que puede sacar a 120 millas por hora con su primer saque y conseguir un segundo con más mordiente. También mostró este año una predisposición a ajustarlo sobre el transcurso del partido, poniendo más presión en ciertos momentos, jugando más defensivo cuando sintió los nervios o el cansancio del rival.

Quizás el último gran título que le falta son las Nitto ATP Finals. Se ha clasificado para el torneo de final de temporada en 13 ocasiones consecutivas, pero nunca lo ha ganado. Esta podría ser su mejor oportunidad, pero no lo verás por la seriedad con la que encara cada partido.

Ha sido un año largo. A pesar de su hercúleo esfuerzo y su brutal estilo físico, que pone a prueba no solo su resistencia sino el desgaste de sus muñecas y rodillas, Nadal es el único de sus rivales que logró superar 2017 sin tomarse largos períodos de descanso o tuvo que recuperase de una lesión. Ha estado semana a semana del ATP World Tour jugando con pasión.

Una parte del placer de ver a Nadal es que su juego, como su espíritu, ofrece una especie de generosidad. A menudo eleva el juego de sus rivales a niveles que nosotros, y quizás ellos, nunca imaginaron posible. Su grandeza es que su propio nivel aún se eleva más alto.

Las Nitto ATP Fianls 2017 tendrán lugar en el O2 Arena de Londres del 12 al 19 de noviembre.

Fuente: atpworldtour


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