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En la tarde de la jornada 27 del juicio contra Joaquín “El Chapo” Guzmán, la fiscalía presentó al décimo testigo cooperante. Se trata de Alex Cifuentes Villa, narcotraficante colombiano, hermano de Jorge Cifuentes, uno de los primeros testigos en este caso.

“A la corbata no le distingo el color, pero es la primera vez que lo veo con traje” afirmó Guzmán en la corte cuando le pidieron que identificara a El Chapo. Cifuentes se dedicó a explicar su cercanía con Guzmán, cómo se habían conocido y su relación con el cartel

Según declaró, comenzó hacer negocios con “El Chapo” desde 2007. Se encargaba de venta de drogas, ayudó a instalar el sistema de comunicaciones seguras e incluso sirvió de intérprete en reuniones. Sin embargo, su relación con el narcotráfico no comenzó con Guzmán, si no con su familia. 40 años de su vida habría estado involucrado con la que hoy podría ser la razón de su cadena perpetua.

Antes del testimonio de Cifuentes, la fiscalía continuó el interrogatorio al encargado de las comunicaciones encriptadas del Cartel de Sinaloa, el ingeniero colombiano de 32 años, Cristian Rodríguez, quien empezó a cooperar con el FBI desde el 2011 entregando una cantidad importante de registros de llamadas, mensajes de texto, audios y demás comunicaciones de Guzmán y el cartel.

Una vez instalado el sistema de comunicaciones seguras, relató Rodríguez, Guzmán habría utilizado diferentes líneas telefónicas, y en uno de los dispositivos le fueron hallados solo 3 contactos, todos mujeres: dos de ellas su esposa, Emma Coronel, y su amante, Agustina Cabanillas; la tercera sería una mujer identificada como Lucero Sánchez López.

​Rodríguez cobró $100 mil dólares en efectivo por el sistema de comunicaciones seguras y Guzmán estaba tan satisfecho con su trabajo que lo contrató para que creara un software espía.

Con ello podría tener acceso a mensajes de texto, contactos, registros de llamadas, correos electrónicos y ubicaciones a través del GPS de otras dispositivos, además de poder activar remotamente los micrófonos de los dispositivos sin que los dueños se dieran cuenta.

“El Chapo” pagó un $1 millón de dólares por el trabajo.


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