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Solamente podía quedar uno. Un duelo directo, en la última jornada de la Temporada Regular para definir el último billete que quedaba para los playoffs en toda la NBA. Un hecho este que no sucedía en la liga desde 1997, cuando se cruzaron los entonces Bullets con los Cavaliers, con éxito para los primeros.

Esta noche, en liza, Timberwolves y Nuggets, en Minneapolis. Los dos con 46-35. El que ganara, seguía en pie y se metía en las eliminatorias por el anillo. El que perdiera, se iba a casa, de vacaciones. Y triunfó Minnesota, en la prórroga (112-106). Los Wolves acceden por novena vez en su historia a los playoffs, escenario que no abrazaban desde el año 2004 y rompen así la mayor racha en activo de ausencias en la NBA, que se ha prolongado durante catorce años.

Minnesota triunfa en la agonía final
Si hay dos equipos que tras 81 partidos no han resuelto sus asuntos, una prórroga agónica tampoco tiene que pillar a nadie por sorpresa. Tanto Minnesota como Denver parecían destinados a prolongar en la última noche de la Temporada Regular todo el suspense de las últimas semanas.

Al tiempo extra se llegó porque Taj Gibson quiso y nos vamos a explicar. Con pocos segundos y 101-101 en el marcador, el jugador local arrebató la pelota a Nikola Jokic cuando se disponía a lanzar para darle la gloria y los playoffs a los Nuggets. Ahí ganaron medio duelo los Timberwolves, sin importar demasiado luego que Jamal Crawford no anotara un triple lejano. El golpe descolocó a Denver lo justo, al principio de la prórroga, pero terminó por derribarlo conforme pasaban los minutos. A falta de 14,6 segundos Will Barton falló el tiro que habría empatado todo otra vez. Iban 108-106 abajo los Nuggets. El rechace lo capturó Karl-Anthony Towns y Andrew Wiggins se encargó desde el tiro libre de poner el +4 en el marcador. Jimmy Butler, cuya vuelta a la alineación de Minnesota ha sido esencial para esta racha final, añadió otros dos tiros libres y cerró la contienda en 112-106.

Si hubo nervios al principio, no se notó
Ambos equipos se vigilaron muy de cerca en el primer cuarto, con pocas ventajas y alternativas en el electrónico. El primer cuarto, ya con Towns a pleno rendimiento (8 puntos) terminó con los locales arriba (29-26). Will Barton quería ser ya héroe, 11 puntos, aunque el tiro de la prórroga le convirtió en villano. Tanto Denver como Minnesota eran fiables en los lanzamientos y apenas registraban pérdidas.

Minnesota manda un poquito más
Parecían tenerlo todo controlado los dos contendientes y las esperanzas de los Nuggets afloraron más cuando el coloso Jokic llegó definitivamente al partido. Acabó la triste velada para él con 35 puntos, insuficientes para meter a los suyos en los playoffs, donde no caben todos, aunque si Denver ha tenido opciones hasta el último momento ha sido en parte porque el balcánico ha exprimido sus prestaciones. Pero ni así.

Minnesota fue creciendo en el choque y registró una máxima, por entonces, de siete puntos mediado el segundo cuarto (46-39). Ya Towns llevaba 16 de los 26 puntos con los que se iba a ir a las duchas. Cuando aflojó algo, el relevo llegó del lado de Jimmy Butler. Y a vivir.

Aros encogidos al final
El partido, en su segunda mitad, fue un episodio de tiras y aflojas hasta que llegados a la recta decisiva y con 99-91 a Minnesota le entró el pánico. Un parcial de 0-8 hacía que Denver igualara el partido a 99 y lo volvería a igualar a 101 (2-10 de parcial). Entonces, un par de minutos de aros sellados con cemento donde no entró nada. Luego, ya saben, el robo de Gibson, la prórroga, el fallo de Barton y la felicidad de Minnesota, que será octavo del Oeste y se cruzará contra Houston. Salvados los hombres de Tom Thibodeau, y él mismo, de lo que habría sido un fracaso sin paliativos. Denver, honra al caído. Hicieron lo que pudieron y hasta donde llegaron. El Oeste resulta que era imposible y no cabían todos. Lo veníamos avisando.


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