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Uno de los debates más interesantes en el deporte es cuando se trata de definir las características que debe tener un atleta al que se considere el mejor de todos los tiempos. Parece hasta jactancioso pretender que un atleta sea el mejor cuando el deporte evoluciona constantemente y su naturaleza misma es superar lo que otros han hecho.

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Por ello aseverar que Mohammed Allí es el mejor boxeador de todos los tiempos es difícil. Máxime defender criterios como la revista SI acerca de considerarlo el mejor atleta del siglo XX.
Pero más allá del debate no se puede negar que con Alí cierra una de las más grandes páginas en la historia del deporte mundial. Un boxeador que fue el precursor de la combinación tan exitosa de deporte y espectáculo. Uno de esos seres humanos que son capaces de sostener con sus actos lo que pregonan con sus palabras, un deportista que más allá del acuerdo con sus ideas, no podemos negar que fue congruente con las mismas y las defendió.
Un campeón que fue el mejor no solo por sus aptitudes sino por su personalidad, por su forma de ser, por su entereza incluso para pelear la lucha más difícil de su vida contra una enfermedad que lo apagó poco a poco. De los pocos que se ganó el respeto y hasta la admiración de propios y extraños, inclusive de sus rivales, que más allá de lo que pudo pasar en un cuadrilátero, fueron capaces de entender el legado que Alí significó para el boxeo y el deporte en general.
Suele decirse que cuando muere uno de los grandes puede terminar la vida de la persona pero crece el legado e inicia la leyenda. No cabe duda que desde el viernes el deporte tiene una leyenda inmortal que será referencia hoy y siempre de los grandes campeones, de los boxeadores con un estilo definido, con una personalidad cautivante, retadores, jactanciosos, auto suficiente, que obligaba a quererlo u odiarlo, pero era imposible mantenerse ajeno a su influencia.
Como bien señaló Lebron James, Alí debe ser recordado por sus grandes batallas en el cuadrilátero, pero sobre todo por las grandes victorias que obtuvo en el campo social, y lo que heredó en cuanto a ideas y convicciones sobre tolerancia, respeto y congruencia.


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