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De la temporada de los Lakers se pondrán decir muchas cosas y muy distintas, y todas serán precipitadas porque solo han jugado once partidos (y con un calendario muy complicado). Pero en una coincidirá casi todo el mundo: está siendo divertida. Por sus virtudes, por sus pecados, porque parece que no hay manera (si no están los Raptors o los Suns a la vista) de que sus partidos no se resuelven en los últimos minutos, en los tres o cuatro últimos tiros, en el último ataque. Ante los Timberwolves que les habían ganado en Minnesota, otra vez: 114-110. Son tres victorias en cuatro encuentros (el otro, la debacle ante los Raptors) con estos marcadores: 114-113, 110-114 y 114-110. Curioso… y divertido.

En total es un 5-6 para los Lakers que afrontan un tramo menos exigente de calendario que les puede impulsar a la zona de playoffs… si siguen mejorando. Porque tienen mucho camino por delante. Enfrente, los Wolves perdieron su cuarto partido seguido en gira por el Oeste (les queda Sacramento), están 0-7 fuera de su pista y 4-8 total. En problemas: no hay dinámicas de ningún tipo, nada de lo poco que construyeron la temporada pasada y las idas y venidas de Jimmy Butler se propagan como un virus por un equipo ahora mismo endémico y que perdió aunque tuvo una noche iluminada desde el triple: 20/40 (15/28 al final del tercer cuarto). En la primera parte, la espantosa defensa de los Lakers les permitió cebarse, con todos los titulares disparando.

Pero en la segunda, y cuando los angelinos jugaron sus mejores minutos defensivos de la temporada (en el inicio del último cuarto y para un parcial de 8-0 en tres minutos: 94-88), a base de embocar algunos sencillamente brillantes. Primero Butler, que acabó en 5/8 (24 puntos) pero llegó a estar en 5/6. Y después Derrick Rose, que metió dos tremendos para convertir un 111-104 en un 111-110 en el último minuto… y falló el último, frontal y con la mano de Tyson Chandler encima. Habría cambiado el partido (estaba 112-110 y quedaban 4 segundos). Rose terminó con 7/9, 31 puntos y 5 asistencias. Pero el banquillo sumó 7 puntos en total y ni Andrew Wiggins (19) ni Towns (13+9) anotaron en el último cuarto. Y los Wolves volvieron a perder…

…En un partido que en muchos tramos evidenció los problemas de los dos equipos. En ambos casos bien documentados. Los Lakers volvieron a firmar un mal arranque que les obligó a remar a contracorriente, para variar (18-29 en el minuto 8). Tardaron en defender con un mínimo de decoro (67 puntos de los Wolves en la primera parte, 43 en la segunda) y volvieron a necesitar que no descansara ni un segundo en el último cuarto LeBron James, que sumó en ese parcial 9 puntos para un 24+10+9 final, a una asistencia del triple-doble y alternando momentos brillantes con algunos fallos que pudieron ser fatales (10/21 en tiros). La mejor noticia fue la producción de Kuzma (21 puntos, 4/7 en triples), Hart (21 y 5/7) e Ingram (20+5+6, 2/3 desde la línea de tres) y, sobre todo, la irrupción de Tyson Chandler. El veteranísimo pívot aportó la consistencia que no tenía el equipo en los minutos sin JaVale McGee, puso el cuerpo en defensa y rebañó esos rebotes de ataque que lleva sudando y palmeando toda su carrera: dos decisivos en el último minuto y cuando los Lakers enlazaron cuatro posesiones. Eso es Chandler y eso, algo que necesitaban como el comer, es lo que dará a los Lakers.

Por lo demás, Luke Walton va perdiendo la paciencia con Lance Stephenson (menos de 5 minutos) y apostó en el tramo decisivo por Rondo, que no estuvo especialmente bien y resulta redundante cuando LeBron asume definitivamente el rol de base, en lugar de un Lonzo Ball que empezó activo pero que fue incapaz de anotar (1/6). Poco a poco, ajuste a ajuste, los Lakers van dando pasitos: 3-1 en cuatro partidos. Les queda mucho por mejorar, en todo caso. Y a los Wolves, mucho por resolver. O de lo contrario pueden que ninguno de estos dos equipos esté en los playoffs cuando llegue la primavera.


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