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LeBron James disputó, casi con toda probabilidad, su último partido en Cleveland con la camiseta de los Cavaliers. A falta de 4 minutos para la conclusión del cuarto partido de las Finales 2018 y con todo perdido para los de Ohio, puso rumbo al banquillo tras saludar uno por uno a todos los jugadores sobre el parqué al mismo tiempo que el público de The Q le rendía una ovación no tan calurosa como se esperaba. De esta manera puso el punto final a su participación en las que han sido las novenas Finales de su carrera. Un negativo 3-6 de balance en las eliminatorias por el anillo. Dos de los mejores equipos de siempre, primero los Spurs de Popovich y Duncan y posteriormente los actuales Warriors, han marcado su trayectoria. De hecho, en su primera final fue barrido (4-0) por los texanos y ahora, once años después, ha vuelto a no poder ganar ni un solo partido ante los californianos.

Una serie esta que, inevitablemente, quedará marcada por las oportunidades desperdiciadas por los Cavaliers en el partido inaugural. Un duelo en el que cayeron en la prórroga pero que antes tuvieron en su mano y que no supieron sacar adelante. Primero George Hill falló un tiro libre que podría haberles puesto por delante a falta de 4,7 segundos para el final. JR Smith cogió el rebote en ataque y emprendió el camino opuesto al aro de los Warriors en una secuencia que ya es historia de las Finales. Un error de bulto que desató la ira de un LeBron James. Un despiste que ahora hemos conocido ha marcado aún más la serie de lo que en un principio pudimos imaginar.

Tras la derrota, LeBron James acudió a la rueda de prensa con una protección de color negro en la mano derecha. Poco después, el jugador admitió haberse autolesionado al término de ese primer encuentro. “Para nosotros hubiese sido importantísimo haber ganado un partido fuera de casa. Por la manera en la que jugamos y las acciones que se sucedieron estuvimos muy cerca. Sentí que nos habían arrebatado el partido”, explicó el jugador. Presa de la ira, se dejó llevar por las emociones y perdió el control en el vestuario visitante del Oracle al dar un puñetazo a una pizarra. “Después de aquello pude dar lo mejor de mí mismo y jugar con la mano prácticamente rota los tres últimos partidos”, prosiguió. Para evitar dar pistas al rival, ha evitado mostrarse en público a lo largo de toda la última semana con la protección que sí dejó ver una vez concluidas las Finales.


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