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Shock colectivo en Stratford y en el mundo. Bolt se rompió en la última recta de su vida. Todo el estadio olímpico de Londres estaba en pie a las 22:55. Los 66.000 espectadores iban a ver el momento que cambiaría el devenir del atletismo. Las televisiones echaban fuego. La consigna “¡Usain Bolt, Usain Bolt, Usain Bolt!” se escuchaba a modo de epílogo. Era la final de 4×100, corría Jamaica, llegaba la última carrera del Relámpago, el atleta más importante del siglo XXI, el show más allá de los resultados tremendos. Pero este Mundial, el de las sorpresas, dio el guantazo insuperable: Bolt caía al suelo destrozado.

Bolt, un tipo generoso, decidió despedirse en una prueba colectiva, con sus amigos de Jamaica, “los chicos” como él los llama. Con la apuesta sorpresa de Omar Mcleod, con su compañero de entrenamientos Yohan Blake y Julian Forte, Bolt recibía lejos de Coleman, úitimo relevista de EE UU y de Mitchell-Blake, el bien posicionado sprinter británico. El sobreesfuerzo, estar frío, los 30 años de edad, las series de la mañana, una maldición… quién sabe cuál fue la causa.

La realidad es que Bolt salía como un obús a reventar y dar caza a sus rivales. Su ímpetu duró poco. Cuando faltaban 50 metros su isquio izquierdo estalló. Intentó seguir, pero la pedrada que recibió el sistema nervioso fue tremenda. No le permitió mantenerse en pie y Bolt, en su último intento de agradar al mundo, dio un mortal hacia adelante para seguir avanzando. Pero ya no hacía gracia. Era un drama. No pudo ni llegar a meta.

Para más sorpresa y para fiestón de los británicos que andaban desconsolados por la derrota de Mo Farah, Gran Bretaña (37.47) llegó al oro por delante de Estados Unidos (37.52). Japón cazó el bronce del vacío (38.04) El público, cegado con su cuarteto de oro, se olvidaba de Usain Bolt. Demasiado cruel todo.

El Relámpago se marchaba en las sombras sin show, sin nada, únicamente con el intento de animar de Blake, McLeod y Forte y la recta de meta, la de los amigos jamaicanos de Usain a los que consiguió asiento VIP para su despedida. Bolt les intentaba sonreír. pero lo que sucedió era para llorar desconsoladamente durante días, años, décadas… Jamaica perdió cuatro Mundiales de reinado consecutivos, justo desde 2009, coincidiendo con la Era Bolt, que terminó de la manera más tremenda. Una desagradable broma final.


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