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El atleta extremo Juan Carlos Sagastume se convirtió en la primera persona que cruzó, sin parar, el desierto de sal más grande del mundo, ubicado en Bolivia.

Veintiocho horas y media le tomó la travesía de 160 km, que inició el viernes 26 de octubre a las 18:00 horas (tiempo local) y que finalizó el sábado 27 a las 22:30 horas.

Según narró Sagastume, tras realizar un ritual personal con el que pidió permiso al desierto para dejarlo ingresar y permitirle llegar al otro lado, arrancó la carrera en las cercanías de la región de Llica, del que sería uno de los desafíos más severos que ha realizado en su carrera deportiva.

Con paso firme y muy determinado a alcanzar la meta, Sagastume empezó corriendo en la ruta que de Llica lo llevó a la isla Pescado, para luego pasar por la isla Incahuasi, encontrar el monumento a Dakar y llegar a la salida del salar en Colchani.

Las condiciones tan hostiles del lugar rápidamente definieron la dimensión del reto al que se enfrentó. ¨Empecé corriendo y me sentía bien, pero después de unos 40 kilómetros aproximadamente, algo en mi cuerpo me frenaba; entonces, tuve que alternar unos kilómetros corriendo y otros caminando. Así llegué a los 105 km, pero entonces mis piernas ya no respondieron. A pesar de que yo quería correr y conscientemente mi cerebro mandaba la orden, a una cuarta debajo de mi cintura se cortaba el impulso enviado y, sencillamente, ya no pude generar el ritmo de carrera y tuve que caminar el resto de la ruta¨, contó el atleta.

¨Era algo inexplicable, las piernas me pesaban, no tenía fuerza para levantarlas y no sé cómo logré arrastrarlas hasta el final. Nunca paré, avancé más despacio, pero me mantuve en marcha hasta llegar a la meta¨, complementó.

Los fuertes vientos particulares de la zona, llevaron consigo mucho frío, incluso temperaturas de hasta -5°C durante la noche. Se esperaba que las ráfagas no permanecieran más allá de las 19:30 horas, como regularmente sucede, pero en empezaron a cesar hasta las 02:00 de la madrugada.

A casi 4,000 metros sobre el nivel del mar, la superficie del salar se convierte en una zona totalmente desértica y hostil para alojar vida, por lo que la falta de oxígeno es mayor, pero se logró apoyar administrándole oxígeno hasta en cuatro ocasiones.

Dos vehículos se utilizaron para ofrecer asistencia al guatemalteco, en los cuales se transportaba hidratación y abastecimiento como fruta, comida líquida, entre otros. Además de cambio de ropa y otros accesorios de uso personal. Su equipo de apoyo también viajaba ahí. Dichos vehículos, fueron exigidos por las autoridades del lugar como requisito para gestionar un permiso especial que permitió al atleta permanecer en ruta durante la noche en el salar.

¨Me salieron ampollas, vomité ocho veces, los aparatos que llevaba el doctor para medirme la presión dejaron de funcionar, el dron y las baterías se descargaban, los cronómetros que iniciaron sincronizados se desfasaron y así por supuesto que hubo momentos difíciles y de sufrimiento. Pero también viví un amanecer impresionante, dos puestas de sol únicas y en dos ocasiones vi salir a la luna como nunca. La vía láctea y las estrellas brillaban en plenitud. Mi más grande recompensa, la oportunidad de haber permitido que creciera mi ser interior al ir más allá de mis miedos a un lugar desconocido, pero al mismo tiempo sorprendente, y con ello mostrarle al mundo que los guatemaltecos somos grandes y somos protagonistas de noticias positivas¨, relató Sagastume.

¨Muchas veces podemos ser pequeños físicamente, pero con tan solo proyectarnos tan grandes como nuestros ideales, tendremos la capacidad de descubrir el tamaño real que podemos alcanzar¨, concluyó.


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