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Se estima que durante el mes de julio residen en Benidorm entre 150.000 y 200.000 británicos, que representan al 50% de los turistas que disfrutan de sus vacaciones en la localidad alicantina. No es de extrañar que en este rincón del Mediterráneo se vivan los partidos de Inglaterra con más intensidad que en muchos lugares del Reino Unido. En la denominada zona guiri, junto al Rincón de Loix proliferan desde hace meses banderas inglesas, union jacks y demás distintivos para animar a los pross en los innumerables pubs británicos que pueblan la zona. Se calcula que más de 12.000 aficionados ingleses se echaron ayer a la calle para seguir la semifinal ante Croacia.

La previa en Benidorm empieza a primera hora de la mañana cuando se sirven las primeras pintas. La ocasión no es para menos. Inglaterra no pisa unas semifinales desde la Eurocopa que organizaron en 1996, cuando surgió el ya clásico ‘It’s coming home’ y no lo hace en un Mundial desde Italia ’90. En ambos eventos cayeron en la tanda de penaltis ante Alemania, que a la postre sería campeona. Stuart Pearce y Chris Waddle fallaron en Delle Alpi y Gareth Southgate en el viejo Wembley. Pero eso es historia y el optimismo es la nota dominante de los miles de aficionados de los Three Lions. Eliminar a Colombia en los penaltis en octavos supuso un chute de autoestima considerable.

Sam es de Southampton y aunque no lo ve claro del todo, confía en los suyos. “Estamos jugando muy bien en este Mundial y aunque va a ser difícil confío en que lleguemos a la final. Llevo soñando toda mi vida con este momento”.

El partido empieza de la mejor manera posible para los intereses de los ingleses. Kieran Trippier anota de falta en el minuto 5 y Benidorm se viene abajo. Vuelan las cervezas en los pubs, se entona el himno nacional, el Rule Britannia y demás canciones patrias. La gente se ilusiona con disputar una final por primera vez desde 1966.

Robin viene de Cambridge y se viene arriba: “Estoy segura de que este Mundiales nuestro”. Sus amigas eligen por aclamación al héroe local: Harry Kane. Pero puntualizan: “Sterling está un poco fallón. Southgate debería cambiarle”.

En la segunda parte el gol de Perisic rebaja un poco la euforia, pero el ambiente sigue siendo festivo. Estamos en The Red Lion, el epicentro de la comunidad británica en Benidorm y sigue retumbando el ‘It’s coming home’. El público anima como si estuviera en Luzhniki.

La llegada de la prórroga resulta familiar a los hinchas ingleses. Pero no se pierde la esperanza…Hasta que llega el mazazo. El tanto de Mandzukic silencia una ciudad entera. La fiesta se torna en decepción. De nuevo, aparece el fantasma de las semifinales, como en 1990 y 1996.

Pese a todo, la afición esta orgullosa de sus jugadores. Después de tantos sinsabores les han devuelto la ilusión por su selección. “Me siento representado por estos jugadores. Lo han dado todo y han ofrecido una gran imagen. Nos ha faltado un poquito pero Croacia es un equipazo”, asegura Dale, que proviene de Nottingham. No había nacido en las últimas semifinales que disputaron los pross y sus padres lo recuerdan con nostalgia. “Tendremos que esperar hasta 2020 si queremos ver a los nuestros levantar la copa”, lamentan.

En el apartado positivo hay que destacar que no se registraron incidentes de consideración. La ciudad estuvo blindada por más de cien policías y los hosteleros de la zona redujeron el mobiliario para evitar incidentes. También cambiaron los vasos de cristal por unos de plástico. En esta ocasión, el comportamiento de la hinchada inglesa fue correcto.


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