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La FIFA ha entrado en pánico ante la creciente presión internacional para boicotear el Mundial. La organización guarda silencio oficial, pero en privado algunos de sus dirigentes reconocen que “el envenenamiento del coronel Skripal ha sido la gota que ha colmado el vaso. La tensión está al límite”. El vacio a la Copa del Mundo puede escenificarse en el primer partido del torneo que enfrentará a dos países que precisamente están bajo la lupa de todos los demás: Rusia y Arabia Saudí. Inglaterra ha iniciado conversaciones con sus aliados occidentales para dejar sólo a Putin en el palco del estadio Luzhniki el próximo 14 de junio, en la ceremonia inaugural del Mundial. Estados Unidos apoya el boicot.

El Gobierno británico ha concluido que es “altamente probable” que Rusia sea responsable del ataque con gas nervioso contra el exespía Serguéi Skripal y su hija Yulia en Salisbury, en el sur de Inglaterra. Su primera ministra ha afirmado que “o bien fue una acción directa del Estado ruso contra nuestro país, o bien Rusia ha perdido el control de este agente nervioso de efectos catastróficos y ha permitido que llegue a manos de otros. En todo caso, Rusia está detrás”, ha dicho Theresa May. “¿Cómo podemos ir al Mundial de Putin ahora?”, titula el Daily Mail.

La otra gran potencia del mundo, Estados Unidos, se ha sumado a las protestas de Inglaterra espoleada a su vez por las presuntas injerencias cibernéticas de Rusia en sus últimas elecciones a la presidencia. El temor a las fábricas rusas de noticias fake y ejércitos de trol para influir en los votantes se ha extendido a países como España y Francia. Rusia, como en el caso del espía Skripal, niega todas las acusaciones y reta a los acusadores a presentar pruebas.

Los conflictos bélicos en Ucrania y Siria y la anexión de Crimea son otros asuntos que se suman a la larga lista de conflictos que rodean a Putin, que este domingo se presenta a la reelección como presidente de Rusia. También el dopaje de Estado. Para colmo, desde otra parte del Mundo, Oriente Medio, sigue el bloqueo de Arabia Saudí y sus aliados contra Qatar, socio de la FIFA en el Mundial 2022. “Yo quería que el Mundial de 2018 fuera en Rusia y el de 2022 en Estados Unidos. Eso hubiera nivelado el equilibrio mundial, pero Sarkozy y Platini apoyaron a Qatar y el equilibrio se rompió”, ha dicho Blatter echando más gasolina al fuego.

Con este panorama, la FIFA está preocupadísima. Más que eso: ha entrado en pánico. Su presidente, Infantino, está en la otra punta del mundo, en Perú, reunido con los presidentes de las confederaciones sudamericanas, se ha fotografiado hace unos días con Putin jugando al fútbol en el Kremlin “pero no es ajeno a nada de lo que pasa, aunque disimule”, dicen en Zúrich. Pero el problema sigue en Europa. “Nada indica que las tensiones vayan a ir a menos, todo lo contrario: apuntan a ir a más. Y eso pone en riesgo el Mundial”. El gran temor de la FIFA es la Copa del Mundo. Habrá un bloqueo diplomático contra Putin, al que van a dejar más solo que la una. Pero incluso por encima de ese riesgo está el boicot total a la Copa del Mundo, con la amenaza de renuncia de varios países.


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