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2835799_full-lndLa sensación general en el Coliseo Bicentenario de Bucaramanga era de incredulidad. Nadie daba crédito a lo que acababa de suceder en el parqué: Brasil e Irán habían protagonizado un vibrante empate a cuatro, resuelto en los lanzamientos desde los seis metros. Nadie podía creer que los eliminados fueran los brasileños. Y, sobre todo, nadie podía creer que Falcão acababa de escribir su último capítulo con la Seleção.

Se suponía que iba a ser distinto. El guión decía claramente que los aficionados iban a disfrutar al menos dos horas más de la magia de Falcão en la Copa Mundial de Fútsal de la FIFA Colombia 2016. Sin embargo, y de manera espectacular, Irán dio un giro inesperado a la historia en medio de la tensión de una noche que los presentes en el pabellón nunca olvidarán.

La euforia se desató entre los hombres de rojo, conscientes de la importancia del penal transformado por Ahmad Esmaeilpour, así como del adiós de la leyenda brasileña, que había anotado previamente su lanzamiento en la fatídica tanda. Todos los iraníes se acercaron a Falcão para despedirse de él y acabaron manteándolo, en homenaje a una carrera que deja una huella imborrable en el fútsal.

Pese a anotar tres de los cuatro goles de Brasil, y demostrar una vez más que su talento permanece intacto, la derrota siempre escuece a un campeón. “Me alegro mucho de terminar mi carrera con una tripleta, pero por desgracia, no ha servido para nada”, decía a FIFA.com.


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