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A nivel mundial, unos 218 millones de niños son privados de vivir su etapa de niñez de manera natural, por empezar a trabajar desde muy pequeños.

De este número, 152 millones son víctimas de trabajo infantil—no incluye ciertas categorías de trabajo como el trabajo de artistas infantiles o deberes familiares—, según las estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Estos niños no tienen acceso a educación y 73 millones de ellos trabajan extensas jornadas en condiciones peligrosas que arriesgan su salud e incluso su vida.

En el caso de Guatemala, pese a que han habido avances ya que se ha reportado una disminución de niños y niñas laborando, aún es un flagelo que afecta la niñez en el país, señala Rubí Reyes, directora Contra la Explotación, de la Secretaría Contra la Violencia Sexual, Explotación Y Trata de Personas (Svet).

Según Reyes, los principales retos para contrarrestar la explotación laboral de los niños, niñas y adolescentes, son desconocer lo que es el trabajo infantil y las consecuencias que conlleva, ya que los menores quedan fuera del resguardo de sus progenitores y ponen en riesgo su integridad física, mental y emocional llevándolos incluso a ser víctimas de trata de personas.

 

Según datos obtenidos a través de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, 2014, la población de menores laborando es de 790,243 niños, niñas y adolescentes “ocupados”.

 

De 2 a 4 años, es la pena en contra de las personas que contraten a menores para que realicen actividades peligrosas o que afecten su dignidad, en el caso de trata de personas las sentencias pueden variar dependiendo de la comisión de delitos. Svet ha realizado una propuesta de reforma al Código Penal, la cual busca endurecer las penas para quienes cometan este tipo de delitos, indicó Rubí Reyes.

 

 


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