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Antes de despedirse como campeón de Liga ante la Real Sociedad, en el último partido de Iniesta como azulgrana, el Barça participó en los actos conmemorativos del centenario del nacimiento de Nelson Mandela batiendo al Mamelodi Sundowns, el campeón de la Liga sudafricana, en Johannesburgo. En algo más de veinticuatro horas, el equipo resolvió un viaje de 22.000 kilómetros que reportó goles (1-3), espectáculo, alegría futbolística y un buen pico a la tesorería culé, unos tres millones de euros en noventa minutos.

Valverde distribuyó a la plantilla en dos equipos bajo el sistema clásico de tres centrocampistas y tres delanteros, arregló el eje defensivo colocando en la primera parte a Busquets junto a Yerry Mina y dejó hacer. El partido tuvo más relatos individuales que colectivos. El rápido desborde de Dembélé, las prestaciones de Yerry Mina tras la sonora derrota ante el Levante, la capacidad de ser diferente de Denis, el regreso de Iniesta al Soccer City de Johannesburgo, la oportunidad para un esperanzador Jorge Cuenca o el último partido para algunos, como Aleix Vidal y quizá Andrés Gomes o Alcácer. Cada uno a su manera escribió sus renglones.

El marcador importaba poco porque la superioridad azulgrana se plasmó a los tres minutos con un potente disparo de Dembélé desde la frontal del área. Primaba el espectáculo y, por tanto, la calidad de los cracks. Y la organización no se pudo quejar en la primera parte.

Tras el gol del francés y sin el corsé de marcajes pegajosos, el Barça fue trenzando jugadas. Rakitic imponía el control, Denis se encargó del guión con sus pases en profundidad y Luis Suárez puso el segundo gol apenas un cuarto de hora después. En uno error defensivo del Mamelodi, Denis habilitó al uruguayo en el área para que marcara por raso. El medio gallego también aportó su grano de arena con un cabezazo al palo.

El público se entusiasmaba tanto con los goles culés con las ocasiones, que las tuvo, de los locales. Una falta por encima del larguero de Tau, otro uno por uno del delantero centro sudafricano, un disparo de Kekana, un rebote que la manopla de Ter Stegen evita que acabe en la escuadra y un chut de Vilazaki al lateral exterior de la red resumió su contabilidad en los primeros cuarenta y cinco minutos.

En la segunda parte, el ‘Txingurri’ cambió a los once jugadores y dejó a Messi en el banquillo. Voz en grito, el público reclamó su presencia que no llegó hasta el tramo final. Ante un Barça al ralentí, el Mamelodi mantuvo el porte atrevido de todo el partido. Y lo siguió probando con algún chut lejano. Aunque más desbravado, el Barça supo sacar partido de la amabilidad del Mamelodi. En un regalo de la defensa local, muy osada al intentar salir con el balón controlado, Alcácer interceptó un balón para cederlo a André Gomes, que marcó con la izquierda su primer gol de la temporada.

Los sudafricanos, sin embargo, estaban pendientes de Messi y hasta que no salió a calentar no pararon de reclamar su presencia. Entonces hubo una explosión de júbilo. Lo curioso es que a los dos minutos de entrar, cuando faltaba menos de un cuarto de hora, Vilakazi recortó diferencias con un gol a Cillessen en el interior del área. Sergi Roberto deshabilitó para marcar. Leo quiso agradar a todos y después de unos detalles de su clase, probó un disparo lejano pero el portero desbarató la ocasión. El partido dio para un par d ejugadas más y el final.


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