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El tercer y último debate presidencial en México no arrojó un claro ganador, pese a las múltiples descalificaciones que prevalecieron entre los tres principales candidatos.

En medio del cruce de acusaciones, el izquierdista y puntero en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, de la coalición Juntos Haremos Historia, se mostró esquivo a la hora de sortear los ataques del centroderechista Ricardo Anaya (Por México al Frente) y del oficialista José Antonio Meade (del PRI-PVEM-NA), quienes se disputan actualmente el segundo sitio en las preferencias electorales.

Por su parte, el independiente Jaime Rodríguez ‘El Bronco’, fiel a su estilo, generó polémica con algunos comentarios, más allá del escaso interés que su participación generó entre los otros contendientes.

Durante el debate los ciudadanos mexicanos lanzaron a los candidatos presidenciales más de 11.000 preguntas que fueron procesadas por el grupo de moderadores, que procuró centrar la discusión en temas específicos con el objetivo de que el tiempo se aprovechara en propuestas concretas.

Uno de los momentos estelares del debate llegó cuando Anaya acusó a López Obrador de otorgar contratos millonarios sin licitación al empresario José María Rioboó.

Aún cuando no queda claro si hubo o no corrupción en el caso referido, el centroderechista aprovechó para asestar un golpe a su rival, acusándolo de tener “contratistas preferidos como los del PRI”.

“No soy corrupto como tú”, respondió Obrador. “¿Si te presento los contratos renuncias a tu candidatura?”, reiteró Anaya, quien subió los contratos referidos a un sitio de internet.

También generó cierta expectativa el hecho de que López Obrador se mostrara esquivo a la hora de definir su postura sobre la reforma educativa, si bien terminó aceptando que sí enviará una iniciativa para cancelar la reforma en su totalidad para volverla a hacer.

Asimismo, se pronunció a favor de la evaluación magisterial sin que se convierta —dijo— en un mecanismo de “represión”. Por su parte, Anaya criticó la “desastrosa” implementación de la reforma a manos del PRI.

Meade, en cambio, dijo apoyar a los maestros a pesar de que se negó a negociar con el sector más radical del sindicato de docentes que se oponen a la iniciativa.

La polémica se avivó cuando Meade afirmó que “aquí el único indiciado por un delito es Ricardo”, en referencia a la denuncia interpuesta contra Anaya por el presidente del Senado, Ernesto Cordero, ante la Procuraduría General de la República, tras la publicación de videoescándalos que involucran al centroderechista en un caso de presunto lavado de dinero con los empresarios Manuel y Juan Barreiro.

Anaya respondió ante la acusación señalando a Meade de estar vinculado en el caso de sobornos Odebrecht.

Durante la guerra de señalamientos Anaya también acusó a López Obrador de pactar con el presidente Peña, reproche que el político tabasqueño negó tajante —”no he pactado con él”—, antes de replicar al centroderechista que “en un año se reunió con Peña seis veces”.

Mientras tanto, el independiente Jaime Rodríguez, puso el ingrediente anecdótico al pedirle a López Obrador que les diera un “beso” a sus contrincantes. Asimismo, levantó polémica al afirmar que posee un sistema de inteligencia conocido como “FBI, que quiere decir Facebook Bronco Investigation”, comentario que le valió varias burlas en redes.


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