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Aquellos que conocen a Ousmane Dembélé lo definen como “un buen chaval” que intenta abrirse a los demás, a pesar de una marcada timidez. El francés llegó al Barça con la pesada cadena de su elevado precio y unas altísimas expectativas, y la sigue arrastrando siete meses y medio después.

No está siendo nada fácil la integración del delantero al equipo, pero lo cierto es que no se le pueden negar los esfuerzos. Aquellos que piensen que lo que quiere es vivir en una burbuja, aislándose de todo, están equivocados. Las lesiones, sin duda, le han perjudicado mucho en este aspecto, sobre todo la primera, pues eran semanas clave para relacionarse con el vestuario, que tuvo que pasar en la soledad de un gimnasio o de una sala de fisioterapia durante la recuperación.

Al principio, como es lógico, buscó el calor de sus compatriotas por aquello del idioma, y tuvo a Umtiti y Digne como sus ‘cicerones’ en el grupo. Pero el primero tiene últimamente la cabeza en otro sitio y el segundo, una vida muy familiar. Ousmane incluso se ha refugiado en compañeros que ha conocido del filial para hacer vida social. Por edad, se siente más cercano a ellos.

Del Dembélé actual al que aterrizó en Barcelona con cara de susto ha habido un notable avance, pero todavía queda mucho camino por recorrer. Se va soltando y pone de su parte, pese a su carácter tímido que esconde un chaval divertido al que todo le ha venido de golpe.

ADMIRA A LEO MESSI
En el terreno de juego, la de Dembélé es otra fuerte lucha interior por adaptarse al estilo del Barça sin que se esfumen las cualidades por las que llamó la atención y fue fichado. Su juego es contenido porque sabe que no puede pasarse de individualista y es el primero que busca siempre a Messi con la mirada. Le admira profundamente y quiere contentar.


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